noviembre 2011


La decisión de Anne: dramonazo donde los haya.

 

“Que “John Q” y “El diario de Noa” sean las películas más conocidas de Nick Cassavettes (hijo de John Cassavettes) debería poner sobre aviso al espectador acerca de lo que puede encontrar en “La decisión de Anne”, más a sabiendas de que su temática versa sobre una niña gestada vía ingeniería genética para salvar la vida de su hermana mayor (aquejada de leucemia), que a la edad de once años contrata a un abogado para poder tener el control médico de su cuerpo y poderse negar así a que sigan usándola de conejito de indias. Casi nada.
 
Semejante argumento se basa en una novela de Jodi Picoult, y para la adaptación cinematográfica su director y guionista Cassavettes junior ha podido hacerse con los servicios de un reparto de lujo compuesto por Cameron Díaz, Jason Patrick, Abigail Breslin, Alec Baldwin o una muy desmejorada Joan Cusack que demuestra ser la mayor de la pareja de hermanos actores.

Vayan sacando pañuelos.

Antes siquiera de concebir una película como la que ahora nos importa, alguna de las cabezas pensantes del mundillo cinematográfico debería preguntarse hasta qué punto querrá el espectador que le endosen un producto hecho únicamente para que llore como un descosido en una sala ¿llena? de desconocidos. Porque por mucho que, seguramente, los creadores de “La decisión de Anne” se escuden en los valores positivos que se extraen de su argumento, de la superación de una tragedia vía núcleo familiar o demás, tales argumentos son meras cortinas de humo para una película pensada únicamente para inundar retinas, emborronar vista y sorber con la nariz.

Ya lo advierte la voz en off inicial de la joven actriz de “Pequeña Miss Sunshine”, que explica con falsa indolencia su condición de hermana salvavidas mientras empalagosas melodías de piano suenan de fondo: Cassavettes pretende hacernos sufrir aunque lo disimule con apática verborrea. Efectivamente, a partir de ahí el patrón se repite una y otra vez como si de los capítulos de un libro se tratara, con alternancia de voces en función del protagonista más relevante de este o aquel arco argumental y dos claros nexos de unión (más allá de la trama) entre cada uno de ellos: aparente falta emocional a la hora de narrar momentos de gran dureza por un lado, y un marcado contraste entre estas (que son poco más que explicaciones introductorias del narrador) y la fuerza sentimental de las imágenes por el otro.
 
Con esta estructura y a base de saltos temporales, “My Sister’s Keeper” narra la evolución en la vida de una familia asolada por la enfermedad de uno de sus miembros. Por más que intente mantenerse unida, positiva y fuerte, queda claro que la leucemia de la niña no tarda en hacer mella, quebrando corazones y tensando situaciones, como constata esa decisión de la hermana menor por dejar de asistir a la mayor (aun a sabiendas de que con ello la está condenando a morir).
Huelga decir que cada uno vive de manera distinta tan situación, del mismo modo que la misma provoca una inusitada unión familiar tan fuerte en apariencia como débil en su estructura básica, fruto de una madre que prácticamente se desentiende de sus hijos sanos, un padre que intenta mantenerse tan racional como distante, y una triada de infantes con problemas propios de la desatención paternal.
En medio de todo ello, también desmenuzamos a nuestro pesar la vida de la niña enferma, desde los primeros indicios de su enfermedad y pasando por el entrañable (léase lacrimógena) despertar de la pasión con otro enfermo de cáncer, interpretado por Thomas Dekker (el John Connor de la fallida serie “Las crónicas de Sarah Connor”).
Por si eso no bastara para sacrificar cualquier alegría anímica que el espectador pudiera retener antes de entrar a la sala, queda por conocer a los secundarios más relevantes para la trama, que también han sido tocados por la varita de las desgracias en un ejemplo claro del afán oportunista de la película.
 
 
Y es que por si aún quedaba alguna duda, esa es la característica que mejor define a “La decisión de Anne”. Plagada de trampas, resoluciones resultonas y golpes de efecto directos al conducto lagrimal, la propuesta de Cassavettes prefiere echar por tierra la seriedad a la que parecía apuntar su ritmo pausado en pros de un concienzudo análisis de la situación. Todo vale, con tal de que su público llore desconsolado.
Bien, no seré yo el que juzgue la licitud de tal decisión, pues aunque hubiera preferido esa vía sobria y estudiada, propia de las buenas películas, no puedo negar que su objetivo fue alcanzado sobradamente, al provocar en un servidor la llorera más excesiva que recuerda en el cine. Y por supuesto, la cosa puede variar en función de la proximidad de cada uno con lo narrado en pantalla, así que allá vosotros y vuestra voluntad de hundiros en la miseria emocional. Por cierto, Abigail Breslin, lo mejor de la película.”
 

Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.muchocine.net/criticas/10980/La-decisi%C3%B3n-de-anne

http://www.cinematical.es/2010/01/12/critica-la-decision-de-anne/

http://www.fotogramas.es/Peliculas/La-decision-de-Anne/Critica

Ana dice: Padres americanos con dos hijos, de los cuales uno de ellos tiene cáncer en estado terminal y la única opción que le recomienda el médico es que tengan otro hijo para que éste le done un riñón. Tienen a la niña (Anne), pero cuando se tiene que hacer la donación la niña demanda a los padres por obligarle a hacerlo.

En fin, dramón típico de telecinco al mediodía (esta vez basado en un libro, en vez de en hecho reales) para hincharte a llorar. Sensiblero, ñoño, …

Anuncios

Año Uno: humor cavernícola…en el amplio sentido de la palabra.

“Harold Ramis lleva ya tiempo escribiendo comedias, y su carrera ha tomado varias direcciones diferentes. Con su trabajo en el guión de Cazafantasmas y su intepretación del doctor Eron Spengler se las arregló para dejarle espacio suficiente a Bill Murray para que se luciese dentro de los confines de un taquillazo de verano lleno de efectos especiales. Con la meticulosidad y la artesanía del ya clásico El día de la marmota podría decirse que consiguió escribir una película casi perfecta, y luego vinieron Una terapia peligrosa y su secuela, que dependían demasiado de la trama para resultar graciosas.

Ahora nos llega su nueva película, y la última hasta la fecha, Año uno, que está más cercana al espíritu de su debut como director, Caddyshack, y no porque sea tan divertida ni tan brillante, pero tiene el mismo tipo de humor. No se preocupa demasiado del argumento ni de dibujar a sus personajes, ni tampoco del rigor histórico; es un poco floja y descuidada, pero igualmente despreocupada, y tiene la habilidad de hacer que bajes la guardia y te rías de sus tonterías.

Jack Black es Zed, un cazador bastante inepto de una tribu primitiva. Su mejor amigo es Oh (Michael Cera), que lleva toda la vida soportando bromas sobre su femineidad. Zed está enamorado de Maya (June Diane Raphael) y Oh de Eema (Juno Temple), pero ninguno de los dos tiene gran cosa que ofrecerles a las chicas. Así que cuando Zed come el fruto del árbol prohibido y tiene que irse, Oh se va con él -y Zed se cree que ha sido “elegido”. En su primera parada conocen a dos hermanos que discuten constantemente, Cain y Abel (David Cross y Paul Rudd), y ven como Cain aporrea a su hermano hasta matarlo. Se convierten en fugitivos, luego en esclavos, escapan, se encuentran con Abraham y evitan que sacrifique a su hijo, y terminan en la ciudad de pecado, Sodoma, para rescatar a las chicas.

Año uno comienza con unos minutos super serios en plan Apocalypto, con las tribus de cazadores acechando a su presa en la selva, antes de que aparezca el personaje de Zed y establezca el tono general de la película. Básicamente, todos hablan el mismo idioma, en una versión absolutamente contemporánea en la que se permiten palabrotas y expresiones de slang, y también hay referencias a inventos de la era moderna. El objetivo de todo esto es que los dos muchachos maduren y sean capaces de conquistar a sus amadas, pero la película no nos deja parar de reirnos en todo este recorrido. Se incluyen chistes escatológicos y sobre los órganos genitales masculinos de lo más típico que hacen poca gracia, y se han eliminado los chistes sexuales para poder llegar a más pantallas en Estados Unidos.

Y la razón por la que sí funcionan la mayor parte de los gags es Jack Black. Como le sucedía a Murray en Cazafantasmas o a Will Ferrell en sus mejores películas, Black ha descubierto la manera de que parezca que improvisa sus líneas de guión a su manera, y esa manera es algo difícil de definir: es chulo y seguro, pero ni arrogante ni autoritario. Es incompetente, pero sin llegar a ser inútil. No para de hablar, pero no resulta molesto. Sus momentos más divertidos parecen tanto la creación de un entusiasta niño de diez años como de un ingenioso guionista. Parece como si muchos otros actores cómicos estuvieran intentando imitar el estilo de Jack Black, pero ninguno llega a lograrlo.

Sin embargo, en Año uno, Black está rodeado de otros muchos actores bastante comententes: Michael cera tiene un aire parecido, aunque es más dulce y tranquilo, y se convierte en su pareja ideal. Ramis hace del padre de Cain y Abel, Adán, y Hank Azaria -que parece capaz de imitar cualquier acento o cualquier voz- es Abraham, un obseso con circuncidar a todos los hombres. Oliver Platt está muy gracioso en su papel de sacerdote lujurioso y afeminado, y Cross construye un Cain bastante llamativo. También está el gran Vinnie Jones, que hace de guarda de seguridad de un estadio de fútbol. Y para redondear el pedigrí de esta comedia tenemos a otrso dos guionistas, Gene Stupnitsky y Lee Eisenberg, y a Judd Apatow de productor.

Al final, la película se cierra con un bloque de tomas falsas, que nos dejan ver lo bien que se lo pasaron rodando, y que nos hacen seguir riéndonos otro rato.”

Gracias a Ruth Arias por su crítica: http://www.cinematical.es/2009/08/26/critica-ano-uno/

Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.cinematical.es/2009/08/26/critica-ano-uno/

http://www.notasdecine.es/13188/criticas/critica-ano-uno/

http://www.tublogdecine.es/criticas/ano-uno-2009/12279

Ana dice: En fin, ¿qué deciros? La típica americanada sin argumento, con chistes fáciles, en realidad una sucesión de gags facilones de los que, algunos, logran arrancarte una sonrisa (incluso conozco a gente que se ha muerto de la risa con toda la película…).

Bueno, sólo hay que ver la filmografía como director de Harold Ramis para saber lo que te espera…salvando a Atrapado en el tiempo, que no me puedo creer que sea del mismo.

Julie y Julia: Oda a la cocina.

“Ni se os ocurra ir a ver Julie y Julia con el estómago vacío. De hecho es mejor que comáis algo antes de ir al cine, lo de las palomitas no se vale en este caso, y que tengáis una reserva en un buen restaurante para cenar después de la peli. De no hacerlo así, os arriesgáis a iros a casa con un poco de insatisfacción.

Insatisfacción que no tendrá nada que ver con la calidad de la película. De hecho, Julie y Julia es para mi gusto uno de los mejores guiones que nos ha dado Nora Ephron en los últimos años, tal vez incluso desde Cuando Harry encontró a Sally. Y Ephron ha sabido dirigir esta película, sobre las vidas paralelas de dos mujeres, con el mismo acierto que la ha escrito.

En el film, la siempre genial Meryl Streep interpreta a Julia Child, un personaje real de la vida televisiva y culinaria estadounidense. Child se mudó con su marido a París poco después de la Segunda Guerra Mundial y literalmente aprendió a cocinar en la capital francesa. Se inscribió en la prestigiosa escuela de cocina Le Cordon Bleu y aprendió en ella todos los secretos de la cuisine. Su trabajo posterior incluiría la escritura de varios libros para presentar la cultura gastronómica francesa a los estadounidenses. Child acabaría también teniendo un espacio de cocina televisivo. Pero para el film, Ephron ha preferido escoger la etapa en la que la escritora está todavía luchando por encontrar un camino profesional en la vida.

Exactamente el mismo punto en el que Ephron explica simultáneamente la historia de Julie Powell, interpretada por Amy Adams y basada también en un personaje real. Powell es una oficinista con un trabajo poco interesante y un pasado como escritora frustrada. En 2002 Powell decide escribir un blog sobre sus aventuras cocinando las 524 recetas que contiene el primer libro escrito por Child y se propone conseguir esta hazaña en tan sólo un año.

El film es una oda al optimismo y al afán de superación que expone la vida de estas mujeres tan diferentes, pero a menudo tan parecidas. Julie y Julia, además de un sinfín interminable de platos cocinados por las protagonistas, nos deja ver algunos de los momentos más vulnerables en las vidas de estas dos mujeres y el apoyo que obtuvieron de sus maridos (que no sólo estuvieron junto a ellas en todo momento, sino que además no dejaron ni una migaja de lo que les ponían para comer).

De ahí lo de la insatisfacción que os puede provocar Julie y Julia por el hecho de no tener un plato bien cocinado delante y una persona o dos o tres o cuatro con las que conversar cuando disfrutáis de la comida. Y por eso lo de la imperativa reserva en un buen restaurante para después de la peli.”

Gracias a Patricia Puentes por su crítica: http://www.cinematical.es/2009/08/05/critica-julie-y-julia-da-mucha-hambre/

Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.notasdecine.es/17175/criticas/critica-julie-y-julia/

http://albertodemasiadocine.blogspot.com/2009/11/critica-julie-y-julia.html

http://www.estrenosdecine.net/criticas/2253/

Ana dice: No estamos delante de un peliculón, no son de esas películas que eres capaz de verla 20 veces. Es, simplemente, una americanada como tantas con la salvedad de que Meryl Streep y Amy Adams hacen un excelente trabajo, pero, por lo demás, nada del otro mundo. Eso sí: te entran unas ganas tremendas de vivir en Estados Unidos y tener una de esas fantásticas y maravillosas cocinas megagrandes….eso, y unas ganas de comer como para poner 10 kgs. de golpe.

Entretenida, se deja ver arrancándote alguna sonrisa.

Por cierto, está basada en hechos reales.