octubre 2011


Yo, también: amor sin barreras.

“La verdad es que era difícil afrontar este tema: nada menos que una relación amorosa, por qué no sexual, entre un joven afectado por el síndrome de Down y una chica sin esa discapacidad. Entre los escasos tabúes que van quedando (es cierto que vamos creando otros, y qué tabúes, tan estúpidos), el del sexo entre personas discapaces y “normales” (llamémosle así, a falta de una mejor definición) sigue siéndolo con todas sus consecuencias. Así que hacer un filme que gira precisamente sobre esta temática amorosa y sexual era complicado. Debía mantenerse un equilibrio entre contar una historia que no es ajena a la realidad, con naturalidad, pero sin caer en sentimentalismos ni excesos.


El hecho de que uno de los directores tenga un familiar aquejado por el SD (acrónimo de síndrome de Down) sin duda habrá ayudado a alcanzar este difícil equilibrio. Es cierto que ambos directores, Pastor y Naharro, veteranos cortometrajistas, no aparentan ser neófitos en el largometraje de ficción, y mantienen un ritmo narrativo adecuado, combinando con buena mano la historia principal y la secundaria, tan hilvanada a la primera, una subhistoria de igual calado y significación, casi un “Romeo y Julieta” en clave SD.
Los directores han optado por un tono naturalista, casi documental, rodando generalmente cámara en mano, con una fotografía de fuerte grano y cierto toque feísta, probablemente para hacer más creíble su historia, la de un chico Down con carrera universitaria, andaluz y con un caletre que dejaría en evidencia a muchísimas personas sin el cromosoma de más que caracteriza a los SD, en una ficción en la que se adivina mucho material biográfico del propio protagonista, Pablo Pineda, merecidamente galardonado con la Concha de Plata a la Mejor Interpretación en el Festival de Cine de San Sebastián. Se suele decir de algunos actores que, sin ellos, la película no sería la misma; en este caso lo que ocurriría, literalmente, es que no existiría.


Hay escenas magníficas: el protagonista golpeando la puerta del prostíbulo, invocando con ansiedad, pero también con dignidad, su condición de hombre, aunque tenga 47 cromosomas; la madre del chico Down llorando y pidiéndole perdón por haberse esforzado tanto en hacerle inteligente y, con ello, tan consciente de la falta de afecto sexual que le acompañará hasta el final de sus días; el personaje de Lola Dueñas y el de Pablo Pineda, en el ascensor, haciendo el tonto y, con ello, escandalizando a la típica (y tópica, es verdad) pareja madurita biempensante…
Fresca y sincera, cinematográficamente sencilla (aunque con algunos dijes notables: véase la mano de Dueñas, tras el distanciamiento del chico Down, apoyándose en la fotocopia de la mano de él), percutante socialmente, “Yo, también” es una película necesaria, de ésas que podrían llamarse, no sin razón, como servicio público, sin que por ello sea la habitual postalita auspiciada por el poder político.
Una apostilla a modo de estrambote ortográfico: ¿qué pinta esa coma entre “Yo” y “también”? ¿Por qué el título no es, como debería ser, “Yo también”, sin coma alguna? Daniel, el personaje central de la historia, defiende con ello su carácter de ser humano, de hombre, y no hay coma alguna posible entre los dos términos de su afirmación: “Yo también soy un hombre”, dice, no “yo, también, soy un hombre”. No sé si será un resabio logsiano, porque los directores y guionistas tienen edad como para haber sido educados con anterioridad, pero en cualquier caso es un disparate que ha llegado hasta el mismísimo título. Pasará desapercibido, pero, quiérase o no, es una patada al diccionario. Porque escribir bien no es sólo cuestión de palabras ni de tildes, sino también de una correcta puntuación.”

Gracias a Enrique Colmena por su crítica: http://www.criticalia.com/pelicula/yo-tambien/2086

Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.notasdecine.es/15810/criticas/critica-yo-tambien/

http://www.cine.fanzinedigital.com/5411_1-Yo_tambien.html

http://cine.terra.es/criticas/Yo-tambien/verFicha_1572.htm

Enrique dice: No quiero parecer dramático, ni antipático, ni intolerante. No quiero parecer un adalid de las buenas formas ni políticamente correcto, tampoco. Pero a mí no me agradó esta película porque uno de sus objetivos (ya el tema invita a ello) es alcanzar grandes dosis de realismo y no me parece muy realista, por ejemplo, que un síndrome de Down profundo tenga una personalidad tan avanzada como el chico de la película, ni que se trate de una manera tan “natural” y “despreocupada”, u “optimista” el retraso mental, porque la realidad social es otra, muy diferente (medicación, tratamientos, marginación, etc…). Desgraciadamente, es otra, porque vivimos en un país que a veces parece que no tuviera entrañas, pero eso no sale en la peli. Por lo demás, es simpatiquísimo el protagonista, y el hilo argumental entretenido, pero la emotividad (perseguida con descaro) no la encuentro. O sea, que ni drama, ni comedia, ni “ná de ná”. A mí no me gustó.

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La clase: buen profesor en colegio con alumnos adolescentes conflictivos…en este caso en un colegio francés.

“François termina su café con expresión preocupada. Entra con aprensión en el recinto donde va iniciar en apenas unos minutos su temporada laboral. Intercambia nerviosamente con sus colegas apreciaciones insólitas sobre las personas que habrán de tratar a lo largo del año: “Éste es simpático… ésta no es nada simpática… con aquél ten cuidado”. Cualquiera pensaría que François y sus compañeros trabajan como funcionarios de prisiones o celadores en un psiquiátrico. Pero son profesores. Claro que en un instituto del siglo XXI.

Aún en mayor grado que Gomorra, La clase aspira a que el espectador no pueda diferenciar entre los aspectos creativos achacables a la pura realidad y los propios de la mejor ficción: el director Laurent Cantet, que ya había explorado los mecanismos sociales que conforman nuestro presente en las muy recomendables Recursos Humanos (1999) y El Empleo del Tiempo (2001), se inspira en esta ocasión en el libro autobiográfico de un profesional de la enseñanza, François Bégaudeau. Bégaudeau ha intervenido también en el guión junto a Cantet y Robin Campillo y, además, se interpreta a sí mismo en pantalla, aunque mediatizado por una estructura dramática en la que caben, pese a todo, improvisaciones: tanto las suyas, como las de los jóvenes a quienes imparte lengua en la ficción; jóvenes que en algunos casos ostentan sus nombres verdaderos…

A que tan complejo entramado expresivo, que barre con las distinciones entre documental y recreación, alcance el máximo nivel de verosimilitud, contribuye la filmación en un instituto parisino con tres cámaras de alta definición, que multiplican los puntos de vista en las clases de François y propician una sensación de gran inmediatez. Cantet hace así del aula donde transcurrirá buena parte del metraje (título original, “Entre les murs”: Intramuros) un microuniverso; un espacio dialéctico a la vez concreto y abstracto donde tienen la oportunidad de saltar a la tarima los retos que debe gestionar hoy por hoy Francia, o cualesquiera otras sociedades de nuestro entorno mediatizadas por lo multicultural y la desestructuración. Adquieren especial relevancia el hecho de que la asignatura que imparte François sea, como ya se ha dicho, lengua —con lo que ello implica en cuanto a (in)comunicación entre profesor y alumnos—, y que se cite “La República” de Platón —guiño al estatus político del país galo y a las doctrinas socráticas sobre la instrucción ideal de los seres humanos—.

Pero, ¿qué puede concluirse de las polémicas anécdotas que jalonan el curso académico abarcado por La clase? ¿Qué pensar de los enfrentamientos del desorientado François con su monstruoso alumnado? Cantet, como el director de Gomorra, Matteo Garrone, afirma que su misión no es brindar explicaciones. Mucho menos soluciones. ¿Basta entonces con el retrato de un ámbito en el que reinan la falta de autoridad y confianza entre los docentes, y la indisciplina y la mala fe entre los alumnos? El problema de inmersiones en la realidad tan profundas como la de La clase es que terminan por adoptar como propios los postulados arbitrarios, indiferentes y posibilistas que rigen aquella.

Si, como obra de arte (y, sin duda, La clase lo es) la película no tiene la ambición de extraer el sentido secreto y comprometedor de cuanto refleja, ¿cuál es su función? ¿Servir como objeto de debate en foros públicos tan prestigiosos como estériles? En un momento del film, François es acusado por otro profesor de querer comprar con su talante relativista y conciliador “la paz social”. Otro tanto podría decirse de La clase, hábil para plantear muchas preguntas “necesarias” que le den crédito frente a las autoridades que han subvencionado su existencia, pero cobarde o incapaz de apuntar ninguna respuesta que censure sin medias tintas sus políticas o las irresponsabilidades de los individuos. De los votantes. Y la chiquilla que en uno de los últimos planos de la película confiesa aterrorizada a François que no ha aprendido nada, que no sabe qué hace en el instituto, necesita algo más que dialéctica. Su futuro, su vida, están en juego.

Estas reservas, como la constatación de que las estrategias formales de Cantet llegan a ser reiterativas y a agotar, no deberían despistar al espectador sobre las calidades globales de La clase, una magnífica película que engrosa el largo listado de títulos franceses sobre la educación que han enriquecido el acervo sociocultural de aquel país, dejando bien claro su vitalidad. Las comparaciones, una vez más, con lo que sucede en el cine español, son sangrantes.

Lo mejor: La extraordinaria calidad de todos sus aspectos técnicos. Como cine, ‘La Clase’ no tiene desperdicio.

Lo peor: Su ambigüedad o cobardía a la hora de hacer algo más que describir con precisión una coyuntura determinada.”

Gracias a Diego Salgado por su crítica: http://www.cine.fanzinedigital.com/4285_1-La_clase.html

Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.cinematical.es/2009/01/15/critica-la-clase/

http://www.muchocine.net/criticas/8829/La-clase

http://www.blogdecine.com/criticas/la-clase-la-carcel-de-la-ignorancia

Ana dice: A mí me pareció la típica americanada de profesor novedoso en colegio con alumnos conflictivos con los que nunca ningún profesor tuvo éxito hasta que llegó él/ella y consigue transformarlos en excelentes personas, descubriéndose que, en el fondo, eran muy buenos niños (véase “Mentes peligrosas” o “Sister act 2. De vuelta al convento” por poner un par de ejemplos).

La única diferencia que le veo al compararla con el resto de películas de la misma temática es que, en “La clase”, el profesor no consigue nada, los niños continúan siendo como eran: problemáticos.

Lo que me gustó a mí de la película es la manera de rodarla tipo documental, se veía muy real, muy auténtica; pero, por otra parte, la historia me pareció vacía, no me dice nada, lo veo como si me grabaran a mí un día en el trabajo haciendo lo que hago: para mí puede que sea interesante, pero, desde luego que, al resto de la gente no le interesaría nada.

El intercambio: Película dramática de Clint Eastwood basada en hechos reales. Soberbia actuación de Angelina Jolie.

El intercambio no varía en absoluto las constantes que viene mostrando el cine de Clint Eastwood desde hace algunos años. Se trata de un cine sencillo, rodado desde el clasicismo, en el que la cámara no se entromete en la trama con la crudeza con que suele hacerlo en estos tiempos, usando las primeras tomas para que reluzca la credibilidad de los actores. Eastwood, heredero de Leone y Siegel, es el mejor hijo que nunca tuvo John Ford. Su cine dibuja una mirada dramática, repleta de significados, y en su particular distanciamiento, profundamente humana. El que fuera Harry el Sucio ha sabido unirse a esa poco concurrida lista de directores que han parido un cine humanista, cuyo primer miembro fuera Sir Charles Chaplin (quien es directamente mencionado al poco de comenzar El Intercambio).

No tengo reservas al afirmar todo ello, y eso que lo hago después de ver su obra menos maestra desde la floja Deuda de sangre. La primera parte de El intercambio lo tiene todo para que la película pase a ser del mejor cine de Eastwood. Pero, a partir de ciertos acontecimientos del argumento, da la impresión de que la película quiere ser demasiadas cosas a la vez, llegando a transitar los terrenos del trillado “cine de psiquiátrico” y acercándose por momentos en temática y forma a Mystic River, palideciendo en la comparación. El guión, basado en espantosos hechos reales, traza a la mayoría de los personajes de forma gruesa y hace demasiados y mejorables intentos por encontrar una clausura convincente, aunque nunca permite el aburrimiento.

A pesar de todo ello, la película resulta sólida, magistral por momentos. Angelina Jolie convence y brilla como actriz seria, resultando su actuación dolorosamente humana. Además, Eastwood se rodea como siempre de un magnífico equipo técnico, destacando especialmente en este film la fotografía, el vestuario y la brillante dirección artística. Una vez más, el director de Sin Perdón se aprovecha de la solidez de las formas cinematográficas clásicas, dotándolas de la terrible, pesimista mirada del mundo posmoderno. Y una vez más demuestra que es uno de los más grandes directores de la historia. Lo digo siendo aún menos dubitativo que su cine, mientras espero impaciente para ver Gran Torino.”

Gracias a Antonio Gandiaga por su crítica: http://www.notasdecine.es/1362/criticas/critica-el-intercambio/

Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.tublogdecine.es/criticas/el-intercambio-2008/6382

http://www.hoycinema.com/criticas/intercambio-2008/1605.htm

http://www.fotogramas.es/Peliculas/El-intercambio/Critica

Enrique dice: Este comentario, ciñéndose a su naturaleza y objetivo, lo voy a hacer sin mencionar nombres de actores, directores, secundarios, premios o demás datos que son puro objeto de una extensa crítica, algo que ya lleva esta película (este blog) y no les voy a contar yo otra vez. Así que simplemente les comento mi impresión. Argumento perfecto para engancharnos a la pantalla (el sufrimiento de una madre buscando a su hijo perdido siempre lo es). Pero no hay sólo intriga, hay emociones (supongan las emociones que este trauma puede producir) que no se cuentan, sino que se perciben en los actores: eso es señal de buen cine. Lo único que no me gustó, paradójicamente, es precisamente eso, que yo iba buscando una película de intriga entretenida que se convirtió en un atroz drama. La prota (ya saben quién es jeje) vuelve a demostrar que es algo más que una cara bonita.

El baile de la victoria: Amor, política y drama en la época del establecimiento de la democracia en Chile.

“Fernando Trueba, que se diría ha dirigido la película poseído por el espíritu de Eduardo Mignogna, rueda estas historias a veces paralelas, a veces coincidentes, con un lenguaje cinematográfico clásico y un cierto aliento romántico-épico con momentos de gran intensidad dramática. La dirección de actores es precisa y eficaz. Darín es un intérprete de esos que cuantas más canas tiene, más llena la pantalla; mientras que el joven Abel Ayala es capaz de darle la réplica sin pestañear.

El baile de la victoria es una de esas películas que se prolongan media hora después de que debiera haber acabado, que al intentar atar todos los cabos que ha ido dejando sueltos, sólo evidencia la inconsistencia y aleatoriedad de los recursos dramáticos utilizados hasta ese momento”

 

El baile de la victoria tiene, sin embargo, muchos problemas, la mayoría derivados del guión y de un montajeque, como en tantas películas españolas, parece haberse dejado secuencias dentro del disco duro del ordenador con tal de estar en una duración “razonable” (sin conseguirlo, la película se prolonga durante casi dos horas y cuarto)

Un buen guión no se escribe, se reescribe y eso es lo que está pidiendo a gritos el libreto firmado por Trueba con su hijo Jonás y el autor de la novela original Antonio Skármeta. Si el objetivo de Vergara Gray al salir de la cárcel es encontrar y recuperar el amor perdido… ¿Por qué lo halla tan pronto y, lo que es peor, por qué renuncia a luchar por él? Resolver esto a mitad de metraje con el cutre recurso de escuchar las voces en off de los personajes mientras éstos se miran es insuficiente, sonrojante y además está colocado a destiempo.

Si el objetivo del protagonista es ajustar cuentas con su socio traidor… ¿Por qué éste apenas ofrece resistencia a perder todo lo que le ha robado a Vergara Gray durante su estancia en la cárcel? ¿Por qué, una vez recuperado su patrimonio, nada hace Darín con él? Si lo que quiere el protagonista es recuperarse a sí mismo ayudando a la bailarina y a su joven amor… ¿Por qué la película no acaba con la secuencia del baile en el Teatro Central cerrado? ¿Por qué se deja para el tercer acto el robo a las finanzas de Pinochet cuando el conflicto principal de la película, la recuperación humana y moral de la bailarina, ya ha sido resuelto? La subtrama que involucra al alcaide de la prisión y, sobre todo, a su sicario tampoco se sostiene en pie, tiene alguna incoherencia notable y sólo sirve justificar un final trágico-romántico que podría no existir y no pasaría nada.

Y es que El baile de la victoria es una de esas películas que se prolongan media hora después de que debiera haber acabado, que al intentar atar todos los cabos que ha ido dejando sueltos, sólo evidencia la inconsistencia y aleatoriedad de los recursos dramáticos utilizados hasta ese momento (¡esa secuencia de Vergara Gray presentándose en un periódico del que nunca hemos tenido noticia para reclutar al crítico de ballet y consiguiéndolo!)

Finalmente, a Trueba le traiciona cierta poética latinoamericana mal entendida, al hacer que los protagonistas se muevan por Santiago de Chile montados en un caballo como si de una motocicleta se tratara. ¿Habría utilizado el mismo recurso de desarrollarse la cinta en Madrid o Barcelona? ¿O es que las pajilleras de cine porno sólo van a trabajar a caballo (y lo dejan aparcado en la puerta) por debajo del paralelo 33?”

Gracias a Nacho Cabano por su crítica: http://www.kane3.es/cine/el-baile-de-la-victoria.php#Critica

Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.fotogramas.es/Peliculas/El-baile-de-la-victoria/Critica

http://www.notasdecine.es/18521/criticas/critica-el-baile-de-la-victoria/

http://albertodemasiadocine.blogspot.com/2009/11/critica-el-baile-de-la-victoria.html

Enrique dice: Esta crítica o comentario tiene dos lecturas (o dos escrituras). Una, para los que ya hayan leído el libro de Antonio Skarmeta en que está basada la película. La segunda, para quienes vayan a ver a peli sin haber leído el susodicho libro. ¿Y por qué hago esta escisión? Pues porque, sinceramente, y siempre bajo mi punto de vista, el libro es infinitamente mejor que la peli; bien es verdad que son formatos diferentes y que es difícil compararlos, pero el libro es una maravilla y la película una mediocridad tirando a aceptable. Esto es lo que creo que pensarán también los lectores que vean el film después de haber leído el libro. Sin embargo, haciendo un ejercicio de imaginación, creo que visionar esta película sin libro inicial, puede convertirla en una buena película. ¿Defectos que le veo? Demasiado larga: Más de dos horas. Nudos esenciales que se resuelven demasiado pronto. Personajes que son buenos actores, pero que no cumplen con lo que establece inicialmente el guión. Hay amor, política y drama, pero a mí me decepcionó.