julio 2011


Ágora: una mujer emprendedora egipcia durante la época del Imperio Romano según Amenábar.

“Alejandro Amenábar es un hombre privilegiado dentro de la industria del cine español. Sin duda, se ha ganado tales privilegios, muy superiores a los de cualquier otro cineasta de este país, se llame Almodóvar o de la Iglesia. Él juega en una liga varias galaxias por encima de ellos. Con cuatro películas, las cuatro rotundos exitazos de taquilla, que convencieron a amplios sectores de la crítica, y se alzaron con numerosos premios, este hombre puede, a día de hoy, hacer la película que le venga en gana.

Y en su afán por hacer cine de Hollywood, pero fuera de Hollywood, y en el de aunar cine de autor con cine comercial, hace ‘Ágora’, que el próximo viernes llega a las pantallas españolas, después de su tibia acogida en Cannes. De nuevo filma en inglés, después del taquillazo de ‘Los otros’. Habiendo indagado en miedos y en horrores, ahora cambia de tercio y se atreve con un extraño Peplum, género al que pretende dotar de un estilo más realista, hablándonos de una mujer única. Mucha ambición para unos resultados tan pobres.

Pienso que el principal problema de esta película es que se sustenta en un guión muy pobre, desgraciadamente, obra, una vez más, del binomio Alejandro Amenábar/Mateo Gil. Según palabras del propio cineasta, su intención era hacer una película de ficción científica, o incluso un documental, sobre el cosmos, pero todo eso le llevó hasta la filósofa neoplatónica romana Hipatia. De modo que se dispuso a armar un gran fresco histórico en el que la destrucción de la biblioteca de Alejandría fuera el vórtice a partir del cual comienza una lucha entre religiones.

Pero, sea el guión pobre, o que quizá éste se haya visto estropeado por el montaje final, lo que queda es un sincero quiero y no puedo. Guionistas y director intentan abarcar demasiado. Por un lado, la historia del choque de culturas y de religiones, de otro la búsqueda de conocimiento de Hipatia del universo a través de las matemáticas, de otro la destrucción de una forma de vida y de un sistema de creencias, de otro un retrato de los fanatismos. Y a Amenábar le fallan las fuerzas. Es sencillamente incapaz de hilvanarlo todo de forma fluida y armónica, evidenciando graves trastornos rítmicos en el seguimiento a sus personajes, incapaz de establecer un tono.

Porque, ¿exactamente qué nos quiere contar Amenábar? ¿Que los fanatismos son destructivos y terroríficos? Eso ya lo sabíamos ¿Que la razón siempre será más analítica que la fe? Esto también lo sabíamos. Ahora bien, los mecanismos de ese fanatismo, los intereses que los mueven y los promueven, las mentes que son manipuladas desde la ignorancia de una vida miserable, de todo eso no hay ni rastro en un relato que siempre se mueve por caminos fáciles, y que no es capaz de profundizar en nada. Intelectualmente, ‘Ágora’ es un filme muy menor. No hay en él una sola idea, siendo una película que, en teoría, iba a hablar sobre las ideas, ni un hallazgo. No se hace preguntas, ni se las hace al espectador.

No es Amenábar un director que goce de mi devoción. Muchos le consideran un grandísimo cineasta. Yo opino que es un grandísimo realizador. Quizá el más grande español vivo. ‘Tesis’ o ‘Abre los ojos’ eran castillos de naipes que se sostenían por la sola habilidad de su responsable de mantenerlos en pie como un alquimista avezado, sin duda el primero de su clase. Mucho más ambiciosas, ‘Los otros’ y ‘Mar adentro’ eran nuevos castillos de naipes, con mucho más oficio dentro, pero igual de vacías, de falsas, de impersonales.

En este nuevo castillo de naipes, el quinto, que es ‘Agora’, no hace falta ni soplar para que se venga abajo. La elefantiasis acaba por revelar todas las carencias de Amenabar como gran artista. Eso sí, su habilidad como realizador sigue creciendo. Es increíble cómo mueve la cámara, como arma las secuencias, cómo crea sonidos, ambientes. Es un grandísimo profesional. Pero le falta lo más importante: el ritmo, lo invisible, el genio. Le puede lo grandioso y se olvida de que el cine está en la cosas pequeñas, en los detalles, en lo que no se ve, pero se siente. Quiere filmarlo todo, mostrarlo todo, y pone en un pedestal sus ideas, convirtiendo sus imágenes en meros vehículos de estas. Pero en el cine, la imagen es absoluta, y los adoctrinamientos, por muy ingenuos que sean, la vuelven tendenciosa.

Porque tendenciosa es la manera en que Amenábar dibuja a sus caracteres y formaliza su narrativa. Un artista no es quien mejor fotografíe, encuadre o sonorice una secuencia. Sino el que con una capacidad de observación mayor que la nuestra nos indica una forma de mirar que descubre los rincones más secretos donde se esconde la vida, la esperanza y el horror. Y nada de eso hay en esta lamentable película. También dijo, el director, que quería hacernos sentir como si la CNN hubiera viajado en el tiempo y hubiera presenciado tales acontecimientos. Sería interesante ver la película al lado del director y que explicase de qué escena o forma de filmar se infiere tal cosa. Los planos de la Tierra sí que parecen una versión virtualizada de Google Maps, pero al respecto no le he oído decir nada.

He dicho que el ritmo en esta película no existe, por la sencilla razón de que sus personajes no existen, no son, no están. El ritmo no lo alcanzas con un montaje frenético, o con una cámara enérgica y virtuosa. En realidad, existe a pesar de eso, no gracias a ello. El ritmo te lo dan los personajes, sus necesidades, sus búsquedas, sus réplicas y sus interioridades. Pero para llegar a eso no se puede aspirar a hacer una película comercial y condescendiente como ‘Ágora’, cuyo mayor objetivo es lograr grandes ingresos en taquilla, y cuyos personajes parecen fantasmas pululando por la pantalla.

Se intuye talento en Amenábar para crearlos, pero falla a la hora de sostenerlos. Tanto Ammonius como Orestes, incluso el esclavo Davo (que no es más que un truco de guión evidente), son personajes con gran potencial, pero que aparecen y desaparecen de manera arbitraria y sin ningún criterio, y que viven realidades diferentes. Rachel Weisz es una actriz magnífica, pero no se puede sentir gran cosa por su Hipatia, que en manos de Amenábar no es más que una filósofa bienintencionada. ¿Dónde está esa asombrosa mujer, capaz de enfrentarse a los hombres más poderosos? Apenas hay rastro de ella. No conocemos más a Hipatia después de esta película. Le falta caracter, fuerza, presencia. Y no parece protagonista. Amenábar no sabe tratar el material que tiene entre manos.

Uno se pregunta qué clase de película está viendo, qué pretende Amenábar, de quién es la historia (¿del esclavo? ¿del prefecto? ¿de la matemática?). Demasiados interrogantes. Uno se pregunta si eran necesarios cincuenta millones de dólares para hacer realidad este proyecto, o por qué Amenábar no siguió el camino que él mismo se había trazado. ¿Es una de aventuras, es una película sobre ideas, espiritual, metafórica? Ignoro si será un éxito, pero Amenábar, en su infinita ambición, comienza a flaquear en su capacidad, hasta ahora asombrosa, de hacernos pasar gato por liebre. De pronto la liebre se parece mucho al gato, y es que puede ser que siempre haya sido gato.”

Gracis a Adrián Massanet por su crítica: http://www.blogdecine.com/criticas/agora-una-rotunda-equivocacion-de-amenabar

 Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.tiooscar.com/200905171147/noticias/festivales/cannes-agora-desconcierta-a-la-critica

http://www.cine.fanzinedigital.com/5194_1-Agora.html

http://www.fotogramas.es/Peliculas/Agora/Critica

Ana dice: He estudiado Historia, por lo que intento no ver películas de las dicen que son históricas porque lo habitual es que cometan errores garrafales y me ponen de muy mala le…Deformación personal dicen que se llama.

Por este motivo no he visto la película.

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París, París: de cómo salvar un teatro.

París, París intenta hacer por lo menos una docena de cosas, y ninguna de ellas la acaba de hacer bien del todo. Pero creo que este comienzo no es lo suficientemente riguroso, porque suena como si esta película fuese ambiciosa. Y no lo es. Su director, Christophe Barratier (que ya hizo Los chicos del coro, una rendición de calidad a las viejas fórmulas), no pretende provocarnos reflexiones profundas sobre ninguno de los elementos disparatados que reúne aquí. Es una de esas comedias de época de una calidad aceptable que confunde frenesí con energía y una puesta en escena impecable con estilo visual. Seguro que París, París, consigue hacer las delicias de buena parte de la audiencia para la que “arte” es, simplemente, sinónimo de “ausencia de explosiones”, pero para hablar con sinceridad, no hay demasiado que ver aquí.

Bueno, la verdad es que, en teoría, hay mucho que ver, incluyendo un presunto retrato del triunfo del frente francés de los años 30, la historia de un puñado de parados que intentar reabrir un histórico teatrom la tragedia de un viejo trabajador (Gerard Jugnot), que pierde la custodia de su hijo, un niño prodigio del acordeón, en favor de su esposa infiel cuando el teatro cierra, una historia de amor entre un artista demagogo y una cantante ingenua (Nora Arnezeder), a escondidas de un fascista (Bernard-Pierre Donnadieu), el renacimiento espiritual de un viejo director de orqueta qye ha pasado los últimos 20 años sólo con su radio, la caída en picado de un cómico sin talento que acepta actuar para los nazis después de haber sido rechazado por todos los demás…

Pero después de dos horas, París, París no puede hacer otra cosa salvo pasar por encima de todo eso de manera bastante superficial. El espectáculo que toda esta gente intenta llevar al escenario es uno de esos shows de variedades que conocemos ya por otras películas en los que hay un poco de música, un poco de baile… Y la película resulta ser algo parecido, un poco de esto, un poco de lo otro… Lo bueno es que si una subtrama no te gusta, sólo tienes que cerrar los ojos durante tres minutos, y habrá desaparecido.

La película pretende situarse en los años 30, pero hay actitudes que son absurdamente contemporáneas: un personaje que llama a otro “judío” y parece que es el fin del mundo, un comunista revolucionario que parece un hippie… No es que le exija un absoluto rigor histórico, sólo pretendo explicar que París, París es una película sin profundidad. Toca de pasada temas como huelgas, la pobreza y la injusticia en las calles de Francia en esa época, pero pasa de largo. La elección de esa época es una mera apuesta estética, sin más.

Eso hubiera sido bueno si esa elección estética fuera sobresaliente, pero París, París tiene exactamente la misma pinta que cualquier otra película sobre la Europa de principios de siglo, las mismas calles y callejones, las mismas luces… todo diseñado para parecer lo más falso e impoluto posible. Lo mejor para las audiencias que quieran ver cosas “monas” sin estrujarse demasiado el coco.

La película es cómica pero tampoco resulta divertidísima, y un poco ñoña sin llegar a provocar demasiadas emociones. Un niño tocando el acordeón puede ser adorable, y mucho más si de paso se reencuentra con su padre, pero no funciona como momento emocionalmente fuerte sin algo más. Y la parte final es ya lo más… hay tanta excitación a la hora de mostrar el espectáculo final que todo se convierte en una especie de video musical.

En el caso de que no lo hayáis adivinado todavía, hay algo que resulta especialmente molesto: un animalillo incordión. París París es una pieza de época absolutamente frívola, la clase de película que gustará a audiencias por encima de los cuarenta y detestarán las que bajan de los 18. Radicalmente diferente de títulos como Death Race o de Baylon AD, pero igualmente vacía.

Gracias a Ruth Arias por su crítica: http://www.cinematical.es/2009/04/10/critica-paris-paris/      (Traducción de la crítica escrita por Eugene Novikov en cinematical.com)

Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.cine.fanzinedigital.com/4561_1-Paris_Paris.html

http://cine.terra.es/criticas/Paris-Paris/verFicha_1470.htm

http://www.fotogramas.es/Peliculas/Paris-Paris/Critica

Ana dice: a mí me pareció lentísima, ñoña y un peñazo…pero para gusto, colores.

Bienvenidos al norte: las diferencias entre el norte y el sur de Francia contadas con humor.

“A caballo entre una especie de realismo mágico heredado de Capra, y una comedia coral costumbrista, incluso cercana a Jacques Tati, esta historia te toca rápidamente, y conectas casi de manera instantánea con casi toda la galería de personajes, cada uno de ellos más humano y cercano a cada plano que pasa: un directivo de medio pelo de correos está obsesionado con su traslado a la Costa Azul, para así poder calmar a su neurótica esposa, pero en sus intentos se hace pasar por paralítico y al ser descubierto, la central le va a castigar con el peor traslado posible en correos, al mismísimo Norte. Un lugar planteado como frío, inhóspito, con gente provinciana, palurda, inculta y bestia… resulta ser en realidad un pequeño paraíso donde la calidad de vida es muchísimo mejor que en cualquier otro lugar… y donde además no hace tanto frío. Claro que cuando el directivo regresa los fines de semana al sur con su mujercita tendrá que contarle todo lo contrario ya que así tiene su compasión…

 

Con gran habilidad por parte del máximo artífice de la película, guionista y protagonista de la misma, Dany Boon, se vivisecciona una sociedad acomodaticia, obsesionada con el bienestar, con la prosperidad y con la incansable búsqueda del consumo para la mejoría de la calidad de vida, olvidando que es precisamente en las pequeñas cosas donde está realmente la felicidad. Los actores están todos excelentes, destacando además de Boon Franck Magnier, el atribulado ejecutivo de correos que se redescubre a si mismo a través de todos los prejuicios que tenía en su burbuja existencial.

Ganó el premio del público en la pasada edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla, y las veces que la he visto, he podido comprobar una vez más que cuanto más particular pueda parecer una historia, más universal termina resultando. Porque a todos nos gusta emocionarnos, sentir, reír, soñar y creer que al final las cosas van a salir bien. Es cierto que a veces existen chistes que llegan a resultar un poco groseros y casi primos hermanos que los que hacía Paco Martínez Soria en sus mejores tiempos, pero la sensación se disuelve rápidamente en excelentes diálogos y giros de guión que enriquecen la historia notablemente (como los conceptos de amistad, en el Norte y en el Sur…). Quizás el único problema que vea en este sentido es que desde un principio esta película está pensada e ideada en francés (de hecho, el título original contiene una palabra del dialecto que hablan en la zona del norte) y a la hora de traducirla al español, muchos de los chistes no tienen demasiada gracia.

No obstante, tanto si la ves en la preferible Versión Original como en su versión doblada, merece la pena, un título muy recomendable por su sencillez, sentido del humor y por su entrañable visión de la humanidad, que por mucho que nos empeñemos en adornar de consumo y artificio, termina aflorando.

Gracias a Federico Casado Reina por su crítica: http://www.lafilacero.com/criticas/1694/bienvenidos-al-norte/

Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.muchocine.net/criticas/8641/Bienvenidos-al-norte

http://www.cine.fanzinedigital.com/4278_1-Bienvenidos_al_norte.html

http://www.kane3.es/cine/bienvenidos-al-norte.php#Critica

Ana dice: Está entretenida. Es el tipo de película como la serie Doctor en Alaska, por ejemplo, de alguien de ciudad que tiene que irse a trabajar a un pueblo “de mala muerte”, el recién llegado está asqueado, pero poco a poco descubre lo fantástica y maravillosa que son la gente de la localidad  y se enamora del lugar.

En fin, historia mil veces vista.

A tener en cuenta: es cine francés, pero no es lento!!!!!!