febrero 2011


Revolutionary road: de cómo perdemos los sueños de nuestra juventud al ir creciendo y aburguesarnos.

“Dada la mediocridad de este cuarto largometraje dirigido por Sam Mendes, quien tras el fiasco crítico y popular de su mejor película, Jarhead (2005), ha optado por replegarse en los temas y ambientes que caracterizaron su ópera prima, la oscarizada American Beauty (1999), dando muestras evidentes de anquilosamiento en el comeback, nos parece más enriquecedor calar en las intenciones de Revolutionary Road atendiendo a su principales intérpretes: Kate Winslet y Leonardo DiCaprio.

Todo el mundo sabe que ambos coincidieron hace más de una década a las órdenes de James Cameron en Titanic (1997), cuyo descomunal éxito mucho tuvo que ver con la fugaz y trágica pasión amorosa que vivían a bordo del buque condenado Rose DeWitt (Winslet) y Jack Dawson (DiCaprio). Lo agradecido del romance que florecía entre ambos personajes es que no tenía tiempo de mostrar sus espinas; todo era entre Jack y Rose euforia presente y promesa de futuro, expectativas ardientes inspiradas por ese mutuo arrobamiento inicial en el que hay mucho de representación de lo mejor de nosotros mismos y poco de realismo acerca de nuestros defectos y nuestra inadecuación al otro.

¿Qué hubiese sucedido si Jack no hubiese muerto congelado en aguas del Atlántico? Revolutionary Road se constituye desde este punto de vista en una suerte de What if? amargo, en una secuela pesadillesca de Titanic: las bohemias aspiraciones de Jack como pintor habrían dado paso voluntariamente a un conformismo cobarde hasta límites insospechados, y las ansias de Rose por reivindicarse como mujer contra los imperativos decimonónicos habrían desembocado en una sumisión inconsciente a los dictados de la sociedad del bienestar.

Porque Revolutionary Road se ambienta hace cinco décadas, en un suburbio confortable y anodino de Connecticut. Pero sus dardos críticos no están dirigidos tanto contra las represiones que han impuesto al individuo momentos históricos concretos, como contra la capacidad del sistema, no importa la época, para adormecer nuestros talentos en nombre de la comodidad y la seguridad. Y, lo que es quizás más novedoso y está mejor definido en la novela de Richard Yates que ha dado lugar al film, contra nuestras propias imposturas a la hora de considerar nuestro carácter, que nos gusta imaginar más bravío y romántico del que resulta ser cuando es puesto a prueba por la realidad.

Lo triste es que la concreción en pantalla de tales apreciaciones por parte de Sam Mendes nos remite a la primera escena de la película, aquella en la que April Wheeler (Winslet), aspirante a actriz pasada de fecha, hace el ridículo en una representación teatral de aficionados ante sus vecinos y su marido Frank (DiCaprio), preocupado ante todo por las apariencias. Mendes se revela agarrotado y artificial en el desarrollo de la descomposición matrimonial que conforma la película; sus protagonistas absolutos parecen atrapados en una mala función cuyo director hubiese estado más pendiente de la disposición en el escenario de los muebles y las luces que de inculcar a los actores un trasfondo, más allá de los tópicos, para los exhibicionismos gritones y llorosos que despliegan en pantalla.

Siendo una película tan virulenta con el conformismo, Revolutionary Road adolece, desde la poco inspirada puesta en escena a las casi autoparódicas fotografía de Roger Deakins y banda sonora de Thomas Newman (colaborador habitual de Mendes), de una brutal capitulación a los estándares del cine hollywoodense aspirante al marchamo de calidad y las nominaciones a los Oscar. El resultado es un conjunto de estereotipos interpretativos, dramáticos y formales con los que muchos se sentirán cómodos por seguir reconociendo en ellos las constantes que siempre han asociado con el cine “de prestigio”; pero al espectador que tenga frescos en la memoria títulos como Un extraño en mi vida, ¿Quién teme a Virginia Woolf? o Secretos de un matrimonio, poco puede aportarle este drama poco novedoso y tan aburguesado como el ambiente que retrata.

Si hubiera que ligar el film de Mendes con otra película en función de sus propósitos y sus fallidos resultados artísticos, sería con la recientísima Juegos Secretos (2006). Otro drama de clase media que también contaba con Kate Winslet en el reparto, también fue candidata a unos cuantos premios, y también ha caído en el olvido apenas dos años después de su estreno. Como va a ocurrir con Revolutionary Road.”

– Lo mejor:

– Estando correctamente realizada como es el caso, ninguna película sobre las relaciones de pareja deja de tener su interés.

– Los flashbacks (escasos).

– Lo peor:

– Ni Winslet ni DiCaprio parecen cómodos en sus papeles.

– La asepsia formal, que alguno considerará premeditada pero que desvirtúa cualquier intención dramática.

Gracias a Diego Salgado por su crítica: http://www.cine.fanzinedigital.com/4266_1-Revolutionary_Road.html

Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.notasdecine.es/1987/criticas/critica-revolutionary-road/

http://cripticacritica.blogspot.com/2009/01/revolutionary-road-critica-2.html

http://www.fotogramas.es/Peliculas/Revolutionary-Road/Critica

Ana dice: La película se promocionó gracias a que la pareja protagonista, Kate Winslet y Leonardo DiCaprio, volvían a trabajar juntos tras la exitosa Titanic.

La película se deja ver. Refleja cómo una pareja joven decide cambiar radicalmente su vida para transladarse a París y que, mientras ella trabaja y mantiene a la familia, él se dedica a su verdadera pasión: pintar….pero no es tan fácil, en la época en la que se desarrolla la película (los años 50 en Estados Unidos) es imprensable el hecho de que el hombre sea un “mantenido”, esto sumado al hecho de que él va ascendiendo en el trabajo hace que DiCaprio prefiera seguir con su vida tal y como está ahora, plagada cada vez de más éxito y prestigio social renunciando a su sueño. Mientras tanto, ella sigue empeñada en seguir con el plan inicial, y cada vez se va sintiendo más frustada participando de una vida aburguesada que no desea con un desenlace trágico.

En Revolutionary road se nos muestra cómo perdemos nuestros sueños al ir entrando en la vida adulta, cómo nos aborregamos y seguimos el camino fácil, y cómo los pocos que no quieren seguir este camino quedan condenados a una vida infeliz.

No está mal la película. Véanla y cuéntenme.

Anuncios

Malditos bastardos: una película de mata-nazis de Tarantino….en su línea….

“La vida como forma de venganza. De esa manera planteó Quentin Tarantino sus dos películas anteriores a esta Malditos Bastardos. Tanto la historia de la novia ensangrentada a la que dio vida Uma Thurman en Kill Bill, como la de las chicas asesinadas por el especialista Mike en Death Proof, eran relatos sobre una venganza obsesiva, violenta y que no conoce la piedad. Sin embargo, aún se le podía dar otra vuelta de tuerca al tema.

Y eso es precisamente lo que hace ahora el realizador con Malditos Bastardos, una película que es una venganza en sí misma, como atestigua metafóricamente el uso del celuloide como explosivo. Principalmente mediante el personaje de Shoshanna (verdadera protagonista de la historia) pero también gracias a los bastardos del título, Tarantino lleva a cabo su acto más violento hasta la fecha, una cinta que es un verdadero tiro en la sien. ¿De quién? De la Historia, deformada como una cabeza golpeada  repetidas veces por un bate de béisbol.

De cara a ese acto final de justica histórica, propio de un director tan caprichoso como fascinante, la película se va desarrollando en cuatro capítulos que parecen no guardar relación, y que cuentan con rasgos estilísticos muy diferenciados. A mí entender los más brillantes son el primero y el cuarto, planificados con un gusto por los detalles casi enfermizo, y que se resuelven en torno a las diferencias de idioma y pronunciación, convirtiéndose la comunicación en uno de los temas principales de la cinta. Recomiendo encarecidamente ver la película en versión original, ya que es la única manera en que tiene sentido (algo similar ocurría en algunos éxitos de los últimos años, como Babel o Vicky Cristina Barcelona).

Tarantino vuelve en Malditos Bastardos a hacer lo que mejor sabe, solo que esta vez lo lleva todo al límite, conduciendo a la película a un territorio cercano a la abstracción. Los diálogos con el cine de todas las épocas y nacionalidades son más constantes que nunca (brillante como introduce la versión británica de Sabotaje, de Hitchcock; bastante facilón el guiño a Centauros del desierto), añadiéndose como novedad el autohomenaje a algunos de sus hallazgos más brillantes (además del juego fetichista con los pies de Diane Kruger, hay un diálogo al final de la secuencia en la taberna muy similar a la escena de Kill Bill Vol. 2 en la que Uma Thurman descubría que estaba embarazada).

Si por algo destaca Malditos Bastardos es por la vida que contiene, por la cantidad de aristas que la construyen. Sin embargo, detesto leer críticias eternas en los blogs sobre cine. Podríamos dedicarle párrafos enteros al concepto de dilatación temporal, llevado aquí más lejos que nunca por Tarantino, que conduce al espectador a un estado de suspense casi insoportable, estirando al máximo los planteamientos de Alfred Hitchcock. También habría que mencionar el redescubrimiento de Brad Pitt como estupendo comediante (ya más que intuido gracias a los Hermanos Coen y su Quemar después de leer), algo ensombrecido por la presencia apabullante de Christoph Waltz, que convierte al Coronel Landa en una de las mejores creaciones de Tarantino. Y no debemos olvidarnos de la siempre llamativa selección musical, más centrada en esta ocasión en las composiciones de Morricone que en el pop convencional (aunque el Putting out the fire de David Bowie hace su aparición en el clímax del último acto).

Podríamos decir muchísimas cosas, pero todas se resumen dándole la vuelta a la última línea de diálogo de la película. ¿Estamos ante la obra maestra de Quentin Tarantino? Probablemente sí.”

Gracias a Antonio Gandiaga por su crítica:  http://www.notasdecine.es/14125/criticas/critica-malditos-bastardos/

Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.cinissimo.com/critica-de-malditos-bastardos-de-quentin-tarantino-inglorious-basterds/

http://www.fotogramas.es/Peliculas/Malditos-bastardos/Critica

http://www.cinematical.es/2009/09/16/critica-malditos-bastardos/

Ana dice: Múltiples rostros conocidos para otra película ” violenta” de Tarantino.

Yo soy de las fans de su cine, por lo que no me pierdo lo que hago, y esta película no me ha parecido de lo mejor suyo. A ver, está bien, pero no llega al nivel de Pulp Fiction o Reservoir Dogs por ejemplo…aunque tampoco ha hecho la misma birria que con Jackie Brown.

Demasiado larga también, y yo, que he estudiado Historia, no puedo evitar el “problema” de ser crítica con una historia inventada que tratan de hacerla pasar como que ha ocurrido…pero bueno, la recomiendo, no está nada mal….y me parece muy cachonda la cara de mulo que pone Brad Pitt durante toda la película.

La clase: profesor comprometido con alumnos conflictivos.

“Ir a ver La clase no es sólo la oportunidad de saber cuáles son los méritos de una de las películas más reconocidas del año, de saber por dónde respiraba el jurado de Cannes de este año o de qué le han visto a la cinta la Academia americana que la ha preseleccionado para los Oscar, también es una oportunidad de reflexionar sobre el sistema educativo, sobre la inmigración y, sobre todo, sobre las cada vez más difusas fronteras entre el documental y la ficción.

François Begaudeau era un profesor al que le gustaba escribir y también el cine. Y no sólo es que le gustase, es que encima se le daba bien -fue crítico del Cahiers du Cinema-. Un buen día decidió escribir sus experiencias como profesor en un instituto de un barrio de los suburbios de París, narrar como era su día a día en el trato con los alumnos y las dificultades que se le presentaban. Lo hizo en forma de novela pero lo que contaba era absolutamente real.

Otro día afortunado, un director de cine con experiencia se topó con el libro de Begaudeau, Entre los muros, que en España ha aparecido ahora como La clase, y le gustó. Laurent Cantet decidió llevar la novela de no ficción a la gran pantalla. Para escribir el guión decidió contar con el propio autor del libro, que no era ningún novato, y además le pidió que protagonizase la película. ¿Puede haber algo más auténtico?

Se van al mismo instituto donde Begaudeau había trabajado en su día, y cogen a unos 50 chavales y se ponen a trabajar con ellos. Seleccionan a la mitad y se ponen a rodar. Parten de un guión preestablecido, pero abierto a la improvisación -¿alguien puede pensar que los rebeldes de un instituto como ese van a estudiarse los diálogos y a recitarlos correctamente?-, y graban con la técnica multicámara para no tener que cortar, colocando todas las cámaras a un mismo lado del aula para no tener que interrumpir demasiado. A partir de ahí, se trata de impartir las clases.

¿Cuál es la diferencia de esto con un documental? Simplemente, que cuando se rodó, Begaudeau ya no era profesor de ese instituto, y que los papeles de los alumnos son una mezcla de ellos mismos y de los alumnos que en su día tuvo en la vida real su profesor en la ficción. Si no fuera por esos pequeños detalles, La clase sería uno de los mejores documentales sobre el sistema educativo francés actual y sobre el trabajo de los profesores de enseñanza secundaria. En lugar de eso, es la mejor película de ficción sobre el sistema educativo francés y sobre el trabajo de los profesores de enseñanza secundaria.

La ficción y la realidad se entremezclan cada vez más, sin que las fronteras entre ambos queden claras en la mayoría de las ocasiones. ¿Debe un documentalista intervenir sobre larealidad o simplemente filmar lo que ocurre desde una posición neutral? Un cineasta que rueda al modo de Cantet, ¿es un director de cine, un creador de historias, o es un documentalista en toda regla?

Las antiguas definiciones ya no sirven. Basta pasarse por cualquier festival de documentales de los muchos que florecen por el país para darse cuenta. Y eso, de momento, está siendo muy bueno para el cine. Los documentales son cada vez más interesantes, y las películas de ficción nos transmiten cada vez mejor la esencia de la vida convirtiéndose en testigos de nuestro tiempo.”

Gracias a Ruth Arias por su crítica: http://www.cinematical.es/2009/01/15/critica-la-clase/

Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.fotogramas.es/Peliculas/La-clase2/Critica

http://www.cine.fanzinedigital.com/4285_1-La_clase.html

http://www.filmaffinity.com/es/reviews/1/107060.html

Ana dice: si bien es cierto que esta película me pareció más real que otras parecidos del mismo género, véase Mentes peligrosas por ejemplo, lo cierto es que cuando terminó me dio la sensacción de que no había pasado nada, que no había ninguna historia, como si alguien me grabara en un día normal de mi vida…lo mismo que me ocurre con las películas de Garci, aunque las de Garci, además de que no pasa nada, son tan lentas que me matan de aburrimiento.

Ésta película se deja ver sin problemas, el ritmo está bien, lo que ocurre es eso, que me sigo quedando con la sensación de que no ha pasado nada tan interesante como para hacer una película. Tal vez por esto mismo me parece tan real, porque en un instituto de verdad no suelen pasar esas “fantásticas” cosas que nos enseñan en el cine…no sé, no sé….

Sí me ha gustado mucho el toque documental que tiene, cada vez me gusta más ese tipo de cine que no está tan “planificado”. Y también he reconocer que trabajan todos de maravilla, mucho más naturales y creibles que gran parte de los actores/actrices que vemos tan a menudo en pantalla querrían parecer.

No se pierden nada por verla. Háganlo, tampoco les va a decepcionar y hasata puede que les encante….tengan en cuenta que ésta es sólo mi opinión 🙂

….y me han asustado bastante con el sistema educativo que nos muestra (que sé que es así, pizca más o menos) y que ya se va viendo a dónde nos está llevando, lo que no sabemos es en qué tipo de sociedad va a desembocar esto…..como decía: tengo algo de miedito…