enero 2011


El imaginario del doctor Parnassus: película tristemente conocida por ser el último papel de Heath Ledger.

“Terry Gilliam es uno de mis directores favoritos, y lo es entre muchas cosas porque ha acompañado mi propio imaginario desde mi infancia. El director, autor de películas como Las aventuras del Barón de Munchausen, Brazil ó 12 monos (y antiguo miembro de los Monty Python) parece seguir en forma.

El imaginario del Doctor Parnassus, su 15ª película, es un jugoso festival visual donde la imaginación no tiene límites. Nos narra la fantástica historia de este Doctor, que tiene la genial habilidad de “curar” los males de una vida contemporánea que es incapaz de mirar atrás al idealizado mundo proyectado en nuestra infancia.

El mismo Gilliam, asimismo, insiste en subrayar la importancia de nuestros sueños en el curso de esta nueva aventura, y lo hace a lo grande: con un festín de referencias visuales que abordan tanto a la mitología clásica (la serpiente) como a la contemporánea (el símbolo de los illuminati).

Y todavía Doctor Parnassus es algo más que una mera historia sobre nuestros sueños…

La cinta es una compleja moraleja sobre la importancia de nuestras elecciones: El anciano milenario que sustenta este título (Christopher Plummer) deambula con un espectáculo clandestino por las calles londinenses con un pequeño ayudante (Verne Troyer) su hija (Lily Cole) y otro varón (Andrew Garfield). Se encuentra, no obstante, saldando una deuda con el diablo (Tom Waits) con quien hizo un pacto tras caer “hechizado” del amor de una joven dama. Fruto de dicha elección, la deuda sólo se saldará con un último trato con el diablo: el primero que consiga llevarse 5 almas (el diablo hacia el lado oscuro y Parnasus hacia la luz) se quedará con la hija de Parnassus.

En el proceso de dicha tarea se topan con un misterioso hombre llamado Tony (Heath Ledger) quien, gracias a sus convincentes habilidades, este pequeño grupo clandestino se hará con clientela dispuesta a suspender su existencia dentro de dicho imaginario.

Una de las mayores advertencias entre tanta moraleja es nuestra capacidad de separar nuestros sueños de la avaricia… o mejor dicho: de evitar quedarnos ciegos por nuestros propios sueños. Sin embargo, y con tanta bella pretensión de por medio, he de admitir que la cinta me ha decepcionado un poco.

El primer problema que le encuentro a la cinta es que viene un tanto sobrecargada. Al igual que la genial The Fall: El sueño de Alejandría (que recomiendo le echéis una ojeada), Parnassus viene acompañada por un universo cuya historia -la cual desborda los confines de la trama- es dificil de sintetizar en una mera cinta de 122 minutos. Nada tiene esto que ver con el hecho de que Gilliam tuviera que reescribir gran parte de la historia tras la muerte de Heath Ledger, pues bien la incursión de Johnny Depp, Jude Law y Colin Farrell encajan con bastante precisión. No; la historia ya venía cargada mucho antes de su producción.

Si bien hoy en día se podría perdonar gracias a su exportación en unos meses al DVD -que se podrá reproducir una y otra vez- poco se puede sacar después de verla la primera vez (a no ser que, como yo aquí, te estés rebanando un rato los sesos sobre qué es lo que has visto).

Ahora; inolvidable será la manera simbólica en la que Heath Ledger es traído de vuelta a la vida: probablemente la secuencia donde el actor sale por primera vez pasará a las páginas de la Historia del Cine. Y no sólo por esto, sino también será memorable el simbolismo con el que las figuras de Lady Di o James Dean flotan en uno de los imaginarios… y más concretamente, en el primero donde Heath Ledger se “desvanece”: Johnny Depp, interpretando un “imaginario” Tony señalará a la -atención- Mujer Lui Vuitton (según el guión original) lo que es la inmortalidad; permanecer joven para la eternidad. ¿No será aquí imposible olvidar que Heath Ledger nunca más envejecerá, y que el celuloide mantendrá su imagen para la eternidad?

Por tanto; aquí viene gran parte de la compleja sustancia de la que está hecha El imaginario del Doctor Parnasus: ¿Ha sido intención del director no sólo desbordar el argumento de la película, sino también conectarla con la realidad del espectador? ¿Será quizás la intención oculta de Gilliam señalarnos que la barrera que separan a nuestros sueños con la realidad es en verdad más fina de lo que pensábamos?

Sea de una manera o de otra y, teniendo en cuenta mi decepción por haberme perdido en su primera visualización, me gustaría acabar invitandos a verla, pues creo que merece que cada uno saque de ella el jugo que necesite.”

Gracias a Patxi Gil Crenier por su crítica: http://www.cinematical.es/2009/10/21/critica-el-imaginario-del-doctor-parnasus/

Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.notasdecine.es/16226/criticas/critica-el-imaginario-del-doctor-parnassus/

http://www.masalladeorion.es/2009/10/critica-el-imaginario-del-dr-parnassus.html

http://www.fotogramas.es/Peliculas/El-imaginario-del-doctor-Parnassus/Critica

Ana dice: Bueno, en esta ocasión no digo nada porque no la he visto…ni conozco a nadie que la haya visto. Este segundo hecho, el que no conozca a nadie que lo haya visto, me hace pensar que no goza del interés de la gente que me rodea….y tampoco ha sido una película muy conocida.

En fin, me callaré porque no me parece oportuno opinar acerca de algo que no he visto ni creo que haga porque nunca he tenido mayor interés por ella.

Lo que sí puedo decir es he visto muchas películas de su director (de hecho más de la mitad), Terry Gilliam, y me han gustado; pero a partir de Los hermanos Grimm no me ha interesado las tramas de sus películas…lo mismo me estoy perdiendo algo muy muy bueno, ¡quién sabe!

Veanla y diganmé si debo verla o no.

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Los mundos de Coraline: Estética de Tim Burton para una película supuestamente infantil.

“A Henry Selick le va a costar -si es que consigue hacerlo alguna vez- desembarazarse de esa asociación que se hace inevitablemente entre su nombre y el de Tim Burton. Le conocimos gracias a Pesadilla antes de Navidad, una obra demasiado burtoniana, y ahora, 16 años después, aún tratamos de averiguar si la influencia de uno ha calado profundo en el otro o si se trata de almas que caminan en la misma dirección.

Los mundos de Coraline tiene algunos ecos de las obras de Burton, esa combinación de lo inocente y lo siniestro, la dualidad de mundos… Aquí hay algo de esas atmósferas, de los sonidos y las sensaciones de Pesadilla, de Eduardo Manostijeras y de Charlie y la fábrica de chocolate.

Como Burton, Selick sabe recoger sensacionales argumentos, entre lo infantil y lo adulto, y crear con ellos -aunque sean ajenos- obras personalísimas. Si Pesadilla había salido de la mente de Burton, y James y el melocotón gigante se basaba en un libro de Roald Dahl, Coraline tiene como punto de partida una obra de Neil Gainman, y de ahí sale un universo, digamos, selickiano, en el que lo infantil se mezcla con lo tenebroso y con lo grotesco manteniendo la pureza de las almas de los personajes principales.

Coraline es una niña que se muda con sus padres a un viejo caserón en medio de la nada. Se aleja de sus amigos, y sus padres están demasiado ocupados escribiendo un aburrido catálogo en sus ordenadores portátiles como para hacerle caso. Tiene por vecinos a un grupo de excéntricos, unas viejas actrices un poco pasadas de vueltas y un circense Bobinsky, además de un niño que insiste demasiado en ser su amigo.

La chica se aburre hasta que encuentra algo: una pequeña puerta que la lleva a otro mundo en el que todo es genial: sus padres le hacen caso, su vecino no habla, el jardín es maravilloso y toda la gente es increíble. El espectáculo no para. Pero hay una trampa, claro, y Coraline deberá hacer acopio de toda su valentía y vivir la aventura de su vida para salvar a sus verdaderos padres de la trampa de una bruja.

El otro mundo de Coraline es la creación más maravillosa de toda la película
y se escapa de cualquier calificativo. Une escenarios de fantasía y números sensacionales de ratones bailarines y vedettes con terroríficos monstruos, tiernos fantasmas e incluso momentos crueles (un vecino sin lengua) y grotescos (atentos al número teatral de las dos viejas vecinas en el papel de diosa venus y sirena). Los mundos de Coraline, en su apartado estético, no deja de sorprender.

Ya nos habían contado muchas historias de gente que atravesaba puertas y descubría otros mundos, pero ninguno tan peculiar, tan extraño y variopinto como el de Coraline, que tiene su punto fuerte en la brillantez de la animación y, sobre todo, en la creación de un abanico de personajes inolvidables.

Aunque el mejor personaje es el de la niña protagonista, decidida y aventurera, ataviada con un chubasquero y botas amarillas, como si fuera a pescar angulas, nerviosa, determinada y resolutiva. Una niña sin miedo de las que no suelen verse.

Sólo le encuentro un pero: ¿alguien me puede explicar por qué demonios en el mundo ideal de Coraline su madre nunca sale de la cocina? ¿sabe alguien por qué luego, cuando los “otros” se tornan malvados el padre desaparece y la auténtica bruja es la madre? Suena un poco machista, para ser sinceros.”

Gracias a Ruth Arias por su crítica: http://www.cinematical.es/2009/06/03/critica-los-mundos-de-coraline/

Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.notasdecine.es/8182/criticas/critica-los-mundos-de-coraline/

http://vivir.laoffoffcritica.com/2009/06/03/critica-de-los-mundos-de-coraline/

http://quealucine.wordpress.com/2009/06/05/critica-los-mundos-de-coraline/

Ana dice: Dejando a un lado la opinión generalizadad de que Henry Selick hace exactamente el mismo tipo de animación que Tim Burton, he de decir que a mi me decepcionó bastante la película, esperaba mucho más.

Empieza bien, tiene esa intriga, te atrapa, pero pasada media hora (como muy mucho) la película se te hace eterna…las escenas de las visitas de la niña a los vecinos ya me parecían del todo insoportables, a punto estuve de dejarla y largarme a hacer algo mejor.

La estética me encanta, pero a un niño debe de darle miedo, de hecho hay alguna escena que me parece terrorífica para un niño. No creo que este tipo de personajes sean apropiados para ellos, para adultos es perfecto…aunque después la historia no es buena para “mayores”, aunque tampoco lo es para niños.

Conclusión: que no sirve ni para un roto ni para un descosido, para adultos es demasiado infantil y para los niños es demasiado adulto.


 

Ponyo en el acantilado: una pequeña joya del cine de animación del siempre excelente Hayao Miyazaki (director, también, de otras grandes obras como El viaje de Chihiro y El castillo ambulante).

“Me resulta tremendamente difícil comentar esta película, y es que respeto (y venero) tanto al maestro Hayao Miyazaki (y al Studio Ghibli, que fundó junto con Isao Takahata) que hasta ahora lo más parecido a una crítica-reseña que había hecho de uno de sus trabajos fue con su penúltimo film estrenado en España, El castillo ambulante. Por alguna extraña razón, hasta hoy no me había puesto en “serio” a escribir sobre sus películas, y eso que todas las que se han editado en DVD en nuestro país las he visto y revisto. Creo que comenzar por Ponyo en el acantilado es un buen inicio, ya que el genio nipón ha vuelto a la sencillez de Mi vecino Totoro, aunque superándola en exquisitez visual.

La historia de Ponyo en el acantilado es bien sencilla, y seguro que os sonará de algo. Narra la historia de Sosuke, un niño de cinco años que vive junto al mar. Un día salva a un extraño pececillo (bueno, “pececilla” en realidad ^^) rojo de una muerte segura y lo toma como mascota. Sosuke no tarda en darse cuenta que está ante un animal especial, con el que al final establece un lazo afectivo tal que Ponyo (ese es el nombre que le da al pez) desea convertirse en humana.

Por si todavía no os habéis dado cuenta, efectivamente, se parece al famoso cuento de Hans Christian Andersen que ya llevó la Disney a la gran pantalla en 1989. Pero Miyazaki no adapta nada, simplemente se inspira en dicho cuento para crear una historia desbordante de imaginación, entrañable y enternecedora, que irradia fantasía y frescura por los cuatro costados, por cada uno de sus fotogramas. Nada más comenzar el filme nos obsequia con una bellísima y colorida escena, donde vemos decenas de medusas y criaturas marinas moviéndose al son de las olas, desde dicho momento uno es más que consciente del tono que va a tener todo el metraje, pero sobre todo uno se asombra de la calidad técnica a pesar de que está realizada totalmente a mano, sin usar para nada el ordenador, dando al conjunto un aspecto muy peculiar en estos tiempos que corren de tanta película animada por ordenador.

Estamos pues, como ya dije al principio, a una vuelta al cine más infantil de Miyazaki, pero no obstante, es inevitable no quedarse maravillado y embobado al ver pasar los acontecimientos, al contemplar escenas de una belleza narrativa y plástica tales que uno no deja de preguntarse cómo demonios puede tener este hombre a sus 68 años esta imaginación tan desbordante, repleta de pequeños de matices que son imposibles captar en un primer visionado (los filmes de Hayao Miyazaki siempre ganan enteros con posteriores visionados).

La animación simplemente es apabullante, y es que realizar todos los dibujos a mano ( hicieron más de ciento setenta mil -sí, 170.000-), poner tantos elementos y/o criaturas, barcos, en movimiento, etc. Animar las olas a mano, por ejemplo, o poner siempre en segundo o incluso tercer plano objetos animados me parece algo increíble para la época tan tecnificada que nos ha tocado vivir. Y es que renunciar al ordenador no sólo supone un mayor esfuerzo y también mayores costos, sino más riesgos a la hora de que una obra funcione en taquilla (que, por cierto, en Japón arrasó, recaudando más de dieciséis mil millones de yenes).

Para el personaje principal, Sosuke, Hayao Miyazaki se inspiró en su hijo (Goro Miyazaki) cuando era infante, el cual también ha dirigido un film para Ghibli y está trabajando en la actualidad en otro proyecto; debido en buena medida a unas palabras que escribió este último en su blog cuando trabajaba en Cuentos de Terramar (“un diez como cineasta, un cero como padre”, venían a ser en resumidas cuentas dichas palabras). Por lo que además nos encontramos ante uno de los proyectos más personales del director.

En resumidas cuentas. Una historia sencilla (que no simple) pero hermosísima, unos personajes adorables, una animación exquisita, momentos en los que es completamente imposible no quedarse embelesado ante la explosión de fantasía y colorido que se producen. Estamos ante otra obra maestra del maestro de los animadores, del que muchos dicen que es el “Disney japonés”. Pero que queréis que os diga, yo creo que dicha comparación no le hace justicia a Hayao Miyazaki, su talento (y sensibilidad) supera con creces a la del fenecido Walt Disney.

Lo mejor:

– La escena de introducción. Simplemente maravillosa, y un sólo ejemplo de lo que nos espera.

– La animación, el colorido, los personas tan entrañables que pululan a lo largo del metraje.

– La banda sonora.

Lo peor:

– Los prejuicios de la mayoría de la gente hacia el cine animado, que se niegan a verlo a no ser que sea de DreamWorks o Pixar.”

Gracias a Raul Neovallense por su crítica: http://www.muchocine.net/criticas/9681/Ponyo-en-el-acantilado

Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.muchocine.net/criticas/9706/Ponyo-en-el-acantilado

http://www.blogdecine.com/cine-animacion/ponyo-en-el-acantilado-el-encanto-de-la-nina-pez

http://www.cine.fanzinedigital.com/4610_1-Ponyo_en_el_acantilado.html

Ana dice: Raul Neovallense expresa perfectamente mi opinión sobre la película: “Una obra maestra hecha con lápices de colores”.