La decisión de Anne: dramonazo donde los haya.

 

“Que “John Q” y “El diario de Noa” sean las películas más conocidas de Nick Cassavettes (hijo de John Cassavettes) debería poner sobre aviso al espectador acerca de lo que puede encontrar en “La decisión de Anne”, más a sabiendas de que su temática versa sobre una niña gestada vía ingeniería genética para salvar la vida de su hermana mayor (aquejada de leucemia), que a la edad de once años contrata a un abogado para poder tener el control médico de su cuerpo y poderse negar así a que sigan usándola de conejito de indias. Casi nada.
 
Semejante argumento se basa en una novela de Jodi Picoult, y para la adaptación cinematográfica su director y guionista Cassavettes junior ha podido hacerse con los servicios de un reparto de lujo compuesto por Cameron Díaz, Jason Patrick, Abigail Breslin, Alec Baldwin o una muy desmejorada Joan Cusack que demuestra ser la mayor de la pareja de hermanos actores.

Vayan sacando pañuelos.

Antes siquiera de concebir una película como la que ahora nos importa, alguna de las cabezas pensantes del mundillo cinematográfico debería preguntarse hasta qué punto querrá el espectador que le endosen un producto hecho únicamente para que llore como un descosido en una sala ¿llena? de desconocidos. Porque por mucho que, seguramente, los creadores de “La decisión de Anne” se escuden en los valores positivos que se extraen de su argumento, de la superación de una tragedia vía núcleo familiar o demás, tales argumentos son meras cortinas de humo para una película pensada únicamente para inundar retinas, emborronar vista y sorber con la nariz.

Ya lo advierte la voz en off inicial de la joven actriz de “Pequeña Miss Sunshine”, que explica con falsa indolencia su condición de hermana salvavidas mientras empalagosas melodías de piano suenan de fondo: Cassavettes pretende hacernos sufrir aunque lo disimule con apática verborrea. Efectivamente, a partir de ahí el patrón se repite una y otra vez como si de los capítulos de un libro se tratara, con alternancia de voces en función del protagonista más relevante de este o aquel arco argumental y dos claros nexos de unión (más allá de la trama) entre cada uno de ellos: aparente falta emocional a la hora de narrar momentos de gran dureza por un lado, y un marcado contraste entre estas (que son poco más que explicaciones introductorias del narrador) y la fuerza sentimental de las imágenes por el otro.
 
Con esta estructura y a base de saltos temporales, “My Sister’s Keeper” narra la evolución en la vida de una familia asolada por la enfermedad de uno de sus miembros. Por más que intente mantenerse unida, positiva y fuerte, queda claro que la leucemia de la niña no tarda en hacer mella, quebrando corazones y tensando situaciones, como constata esa decisión de la hermana menor por dejar de asistir a la mayor (aun a sabiendas de que con ello la está condenando a morir).
Huelga decir que cada uno vive de manera distinta tan situación, del mismo modo que la misma provoca una inusitada unión familiar tan fuerte en apariencia como débil en su estructura básica, fruto de una madre que prácticamente se desentiende de sus hijos sanos, un padre que intenta mantenerse tan racional como distante, y una triada de infantes con problemas propios de la desatención paternal.
En medio de todo ello, también desmenuzamos a nuestro pesar la vida de la niña enferma, desde los primeros indicios de su enfermedad y pasando por el entrañable (léase lacrimógena) despertar de la pasión con otro enfermo de cáncer, interpretado por Thomas Dekker (el John Connor de la fallida serie “Las crónicas de Sarah Connor”).
Por si eso no bastara para sacrificar cualquier alegría anímica que el espectador pudiera retener antes de entrar a la sala, queda por conocer a los secundarios más relevantes para la trama, que también han sido tocados por la varita de las desgracias en un ejemplo claro del afán oportunista de la película.
 
 
Y es que por si aún quedaba alguna duda, esa es la característica que mejor define a “La decisión de Anne”. Plagada de trampas, resoluciones resultonas y golpes de efecto directos al conducto lagrimal, la propuesta de Cassavettes prefiere echar por tierra la seriedad a la que parecía apuntar su ritmo pausado en pros de un concienzudo análisis de la situación. Todo vale, con tal de que su público llore desconsolado.
Bien, no seré yo el que juzgue la licitud de tal decisión, pues aunque hubiera preferido esa vía sobria y estudiada, propia de las buenas películas, no puedo negar que su objetivo fue alcanzado sobradamente, al provocar en un servidor la llorera más excesiva que recuerda en el cine. Y por supuesto, la cosa puede variar en función de la proximidad de cada uno con lo narrado en pantalla, así que allá vosotros y vuestra voluntad de hundiros en la miseria emocional. Por cierto, Abigail Breslin, lo mejor de la película.”
 

Para conocer algunas críticas más pinchen en los siguientes enlaces:

http://www.muchocine.net/criticas/10980/La-decisi%C3%B3n-de-anne

http://www.cinematical.es/2010/01/12/critica-la-decision-de-anne/

http://www.fotogramas.es/Peliculas/La-decision-de-Anne/Critica

Ana dice: Padres americanos con dos hijos, de los cuales uno de ellos tiene cáncer en estado terminal y la única opción que le recomienda el médico es que tengan otro hijo para que éste le done un riñón. Tienen a la niña (Anne), pero cuando se tiene que hacer la donación la niña demanda a los padres por obligarle a hacerlo.

En fin, dramón típico de telecinco al mediodía (esta vez basado en un libro, en vez de en hecho reales) para hincharte a llorar. Sensiblero, ñoño, …